| Muere adolescente tras ser violada y lapidada en público |
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| Escrito por Melissa Silva Franco/Corresponsalía desde Europa | ||||||||||||||||||||
| lunes, 03 de noviembre de 2008 | ||||||||||||||||||||
La chica llamó a su padre para confesarle: “Papá, soy tu hija, me van a matar, por favor, diles que me perdonen”
Asha Ibrahim Dhuhulow era una adolescente tímida y responsable, según recuerdan sus padres con los ojos inundados de lágrimas. Esta chica, el pasado lunes vivió una realidad atroz e inhumana durante sus últimos minutos de vida. Y es que Asha fue lapidada en público por más de 50 militares que no le temblaron las manos a la hora de aplicar lo que califican como “verdadera justicia”.La adolescente de 14 años fue vestida con un traje negro, sus pies recorrían el camino hacia el campo descubierto en el que gritaría de miedo y dolor minutos después. Un fuerte golpe en la espalda por parte de un militar la obligó a quedar de rodillas antes la mirada de los curiosos fríos y muchos otros que apoyaban el acto. Luego, el cuerpo de Asha fue enterrado hasta la altura del cuello, su llanto quedó mudo con una capucha que le colocaron en la cabeza, única parte que quedó sin enterrar. Pero minutos antes, Un millar de personas que se acercaron al estadio de fútbol de Kimbayo, a los que se les dijo que se iba a lapidar a una mujer de 34 años, prostituta, bígama, adúltera. Pero pudieron ver y oír a Asha antes de que le cubrieran la cabeza con un capuchón. Asha la niña, protestaba su inocencia. Unos cuantos trataron de romper filas y acudir en su ayuda. Los milicianos integristas abrieron fuego contra la multitud. Mataron a un niño. Otras seis personas resultaron heridas. Por ello, posteriormente, los islamistas se disculparon y aseguraron que buscarían a los responsables de los disparos. No por las piedras, transportadas hasta el estadio en un camión. Nadie más se atrevió a proteger a la pequeña. Cincuenta hombres rodearon a Asha, le cubrieron la cabeza en un capuchón sollozante, e iniciaron el lanzamiento de proyectiles. El polvo de los militares al caminar escondía a Aisha, quien a los pocos segundos comenzó a recibir por largos 20 minutos una “lluvia de piedras” que iban directamente a su rostro, hasta que el dolor la desmayó y luego se convirtió en el único pasillo a otro mundo llamado muerte. Hasta tres veces tuvieron que interrumpir la ejecución para comprobar si la niña todavía vivía. Este asesinato no es un hecho aislado en la ciudad portuaria de Kismaayo en Somalia (al este de África). Por el contrario, esta ceremonia inhumana se llama lapidación y se aplica a todas aquellas mujeres que cometan adulterio, no conserven su virginidad y otros actos que establezcan las leyes y la religión. Una víctima más
Según los tribunales islámicos de este país, esta chica tenía 24 años, había cometido adulterio y por ello debía ser lapidada. Pero Aisha no era una mujer sino casi una niña, ya que no tenía 24 sino 14 años. Además de que no cometió adulterio sino que fue violada por tres hombres del clan más poderoso de la ciudad y su muerte ha servido para borrar todo rastro del crimen cometido por los integrantes de esta banda. La historia de esta víctima de un sistema social alterado y corrompido comenzó en 1995. En el campo de refugiados de Hagardeer, en el sur de Kenia, donde su familia tuvo que refugiarse tres años antes, huyendo desde Mogadiscio de los ataques contra su clan, el de los Galgale, una minoría en Somalia. Dhuhulow relató que su hija Asha, acudía a la escuela en el campo de refugiados, padecía epilepsia, por lo que la familia decidió enviarla con su abuela en Mogadiscio, donde podría recibir mejor atención médica. La zona de Kismayo estaba en su camino. Pero no contaban con la guerra. En agosto, las milicias integristas de Al Shebab se hicieron con el control de la ciudad. Asha se quedó atrapada en Kismayo, donde pudo sobrevivir estos dos meses gracias a los conocidos que había hecho en el camino. El dinero para llegar a Mogadiscio se le acababa, según decía a su padre. La noche del sábado, tres hombres se le acercaron y la obligaron a acompañarlos a la playa, donde la violaron. Bajo consejo paterno, ella acudió a los tribunales y denunció a sus violadores, que fueron arrestados. Y aquí se inicia, según declaraciones de Ibrahim Dhuhulow, la serie de desatinos que acabarían con la niña atada y enterrada hasta el cuello, lista para la ejecución. Últimas palabras
De acuerdo con la reconstrucción que el padre y los conocidos de Asha en Kimbayo han podido ir haciendo de los hechos, los familiares de sus agresores la convencieron con buenas palabras para que acudiera al tribunal islámico, retirara su acusación y perdonara a los tres hombres. Le darían dinero y joyas. Ella accedió, pensando que podría llegar a Mogadiscio con el dinero. Mientras, los mismos familiares acusaron a Asha ante el Tribunal Islámico por extorsión. Cuando Asha, en su inocencia, retiró la denuncia, fue arrestada y acusada de adulterio, de mantener relaciones sexuales sin estar casada. Irregularidades "No le preguntaron nada, no trataron de hablar con ella, ni siquiera la visitó un médico", asegura Hassan Shire Sheik, director del Proyecto de Defensa de los Derechos Humanos en el Este y en el Cuerno de África (EHAHRDP). "Se hacen llamar tribunales pero no tienen ningún conocimiento legal". Shire Sheik confirma las palabras del padre de Asha según las cuales la niña se quedó sin defensa alguna también por el carácter minoritario de su clan, que no posee armas. "Nadie de su clan estaba en la ciudad, nadie armado estaba a su favor". Sheik, impulsor de diversas asociaciones de defensa de los derechos humanos en Somalia -por lo que tuvo que huir de su país y refugiarse en Canadá y Uganda-, se sulfura al hablar del caso: "Ni cuando las Cortes Islámicas se hicieron con el control de Mogadiscio en 2006 vimos ejecuciones así. ¿Dónde está la ley? ¿Quién la defendió? ¿Cómo se mata a una niña de catorce años? Están locos". "Mi niña iba a la escuela, mi niña iba a ver a su abuela, no sé qué tipo de ley permite matar a una niña de catorce años", se desespera Ibrahim Dhuhulow, que sabe que algunos testigos dicen que parecía que la niña tenía problemas mentales y le duele pensar que pudo haber tenido un ataque epiléptico sin ser asistida por nadie más que por sus verdugos. El responsable de EHAHRDP recuerda que Al Shabab es un grupo calificado de terrorista por el gobierno de los Estados Unidos, con vínculos con Al Qaeda. Al Shabab (La Juventud) fue formado como reacción a la invasión del ejército etíope de Somalia en 2006 para, con el patrocinio de los Estados Unidos, acabar con la Unión de Cortes Islámicas que se habían hecho con el control de buena parte del sur del país y de su capital. El Islam practicado en Somalia ha sido siempre moderado, pero parece que eso se acaba. "Van camino de convertirse en talibanes, estamos asistiendo a una primera fase de la conversión de Al Shabab en talibanes", asegura Shire Sheik, que considera que la ejecución de Asha "es una muestra de lo que nos espera: asesinatos públicos a sangre fría y publicitados por todos los medios para dar ejemplo". El defensor de los derechos humanos somalí considera que Asha sirvió no sólo para cubrir a los autores de la violación, "sino también para atemorizar a la población, a aquellos clanes que no tienen poder". Para Shire Sheik, "es necesaria una intervención internacional efectiva y poder salvar lo que nos queda de Somalia". Cifras duras
Un millón de personas ha sido desplazado por el conflicto bélico. Amnistía Internacional, condenó duramente la ejecución de Asha, cuya muerte "es otro caso de abuso de derechos cometidos por combatientes en el conflicto de Somalia, otro que demuestra la importancia de investigar y documentar dichos abusos a través de una Comisión Internacional de Investigación".
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