| Gaetano domó a La Ceiba |
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| Escrito por Daniel Betancourt Gacel | ||||||
| jueves, 19 de noviembre de 2009 | ||||||
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La Ceiba es ese espectacular estadio para jugar beisbol construido durante el gobierno de un gran bolivarense, Jorge Carvajal Morales. Recuerdo de él, un encuentro que tuvimos en un aniversario del Correo del Caroní. Normalmente me refería a él como “mentira fresca” o “el incapaz gobernador Carvajal”. Nos encontrábamos en el local donde se edita el periódico. Llegó el gobernador Jorge Carvajal y todos se movieron a saludarlo como hacen ahora con Francisco Rangel Gómez y luego los destrozan. Al poco tiempo se me acerca, me coloca las manos sobre los hombros, lo cual creó alguna sorpresa, comenzando por mí. Me dice: “Ingeniero no me ataque, yo lo respeto mucho”. Le respondo: “No lo ataco, sólo le digo la verdad”- pero cuando escribe adjetivos no está pensando en la verdad- contra ataca. “Usted no se da cuenta de que todo lo que dice en el periódico se corrige o trata de corregir. Dígame algo que no se haya hecho de lo que usted ha escrito”. Me sorprendió de verdad. Pensaba que las correcciones eran producto de la casualidad. Total que desde aquel día no utilicé en su contra ningún adjetivo y corregí esa manera despiadada que empleaba para referirme a las personas en función de gobierno. Sólo le aplico el ácido a los comprobadamente incapaces y con pruebas de corruptos. Aquel era una excelente ser humano que trataba de cumplir con sus obligaciones, pero que sólo por diferencias políticas los atacamos, sin pensar en el daño que hacemos a su familia al tratar las cosas de política como personales. El caso es que por múltiples motivos, esa extraordinaria obra se convirtió en lo que llamamos un elefante blanco. Antonio Rojas Suárez sustituyó a Carvajal Morales como gobernador. La Ceiba no existió. Pero estableció el 171. Algo fuera de serie. Nunca lo conocí, pero me agradaba la manera respetuosa como trataba a sus adversarios. Ganó Francisco Rangel Gómez. Igual que a Rojas Suárez no le informaron que existía este portentoso estadio vegetando sin ningún tipo de utilidad. La poca dotación que le habían hecho, fue presa de los ladrones. Aquello se acabó. Cuando designaron a Venezuela como sede de la Copa América, el evento futbolístico de mayor envergadura que se escenifica en América Latina, el gobierno nacional responsabiliza a Francisco Rangel Gómez de transformar el pequeño estadio Cachamay en un monstruo para albergar a más de cuarenta mil personas. Rangel Gómez lo hizo. Allí está. Pero estoy seguro que preguntó los motivos por los cuales aquí, en Ciudad Guayana, no existía un estadio para practicar el béisbol profesional y lo llevaron a La Ceiba. Cuando vio aquello pensó en darle alguna utilidad y preparó varios eventos sociales para jóvenes y niños, pero estaba consciente que eso no era lógico y designó a varias personas para que pusieran a funcionar aquello. Pasaba el tiempo y todo seguía igual. Es muy probable que en alguna de sus visitas al Centro Italo Venezolano de Guayana, Francisco Rangel Gómez se haya percatado de que detrás de aquella extraordinaria obra, para disfrute de los socios e invitados, deberían existir personas con un talento especial que les permitió obtener esos resultados que estaba presenciado. Se acordó de su gran amigo Gaetano D`Elía. Lo llamó y le propuso responsabilizarlo de rescatar a La Ceiba. Gaetano era presidente del club y, por consiguiente, parte fundamental de lo que se había hecho. Lo más seguro es que Gaetano rechazara la propuesta por que entre el club y su empresa, le quedaba poco tiempo. Rangel Gómez no se rindió y lo convenció de que asumiera la responsabilidad y fue designado presidente de la Fundación La Ceiba. Lo dotó de recursos y esperó. Gaetano D`Elía, tiene una cualidad especial para escoger a sus ejecutivos y entre los que más destacan está Sergio Rincón, quien había acompañado varios períodos de las múltiples presidencias de Gaetano en el Italo, como gerente general. Sergio Rincón es la persona de más bajo perfil que yo haya conocido. Tiene una humildad infinita y jamás dice no hasta no tener elementos de juicio que lo lleven a esa conclusión. Todo en él es positivo. No quiere jamás sentirse poderoso haciendo que las cosas parezcan difíciles, como es común en aquellos que tienen algún nivel de decisión en nuestra Venezuela. Sergio es una máquina para trabajar. Me recordé de él cuando hace poco se reunió la junta directiva del club para autorizar el ingreso de los jugadores del equipo Magallanes. Le hago el comentario a un directivo, gran amigo, y me dice: “No vale, todos aprobamos con mucho gusto sin ningún problema”. Es que el problema es la razón para que sea necesaria esta reunión. Esto nunca se ha visto, así no van a salir bien. No se por qué no confían en el personal gerencial y ejecutivo. Realmente eso no está bien y muestra estados de ánimo que no estoy en condiciones de determinar por que no soy adivino. Pero si se hace algún diagnóstico se percatarán que eso es anormal. Cuando Gaetano era presidente, el gerente tenía esas atribuciones y nunca pasó nada. Esto no parece concatenado, pero es parte de un todo. Solo personas desprendidas obtienen logros, por que su mente no está enferma con deseos de sentirse poderosos e imprescindibles. Los individuos así son los que permiten que se obtengan algunos logros. El resto se está oponiendo para obligar a que los tomen en cuenta. Pasa el tiempo y en lo personal no tenía ningún interés en lo que se hacía o no en el estadio La Ceiba, hasta que recibí una invitación de mi amigo Celestino Adames Pérez, director del semanario El Crítico para asistir a un juego del béisbol profesional. Llamé a mi amigo el abogado Miguel Ángel Salazar y nos fuimos juntos. Aquello estaba repleto. Todas las sillas tenían dueño. Era prácticamente imposible ver el juego desde arriba por la cantidad de personas que se aglomeraban. De pronto comenzaron los rugidos de la multitud. Todo era impresionante, parecía como si estuviéramos en esos estadios que vemos por televisión y se encuentran en EEUU. Era precioso, imponente, espectacular, conmovedor. Absolutamente una belleza. Miro hacia un lado y a lo lejos diviso a Gaetano observando el espectáculo. Se veía sonriente, alegre, satisfecho con el deber cumplido. Había domado al monstruo y lo puso al servicio de la comunidad. Gracias, muchas gracias, por lo que me corresponde. NOTAS. Lo que voy a contar mostrará que siempre andamos juntos mi compadre Cruz Echenique, editor de Nueva Prensa, el famoso abogado Miguel Ángel Salazar y yo, pero nos vemos pocas veces, sólo que las damos a conocer. El caso es que fuimos a visitar al amigo Antonio Méndez, en su exquisito restaurante, el Key Club. El motivo era el nacimiento de Sebastian Alejandro, un nuevo nieto de mi compadre Cruz y mi comadre Lupita. Ella no asistió. El asunto es que fuimos atendidos a cuerpo de rey por Antonio y sus empleados, incluyendo un precio absolutamente solidario. No tomamos ningún licor. Cuando terminamos, luego de disfrutar de la alta cocina del restaurante, se presentó el inconveniente de la desaparición de los lentes de mi compadre Cruz. El local fue examinado pulgada a pulgada y nada. Todo sitio fue revisado. Los lentes no aparecían. Antonio Méndez ofreció comprarle otros, lo que, por supuesto, no aceptó. Antonio optó por preguntarle cómo eran los lentes, por si se encontraban después. Echenique le muestra los que cargaba Antonio y le dice: “Parecidos a esos”. Antonio se los quita y los ve y dice: “Estos no son los míos”. Eran los de Echenique. La risa total por varios minutos. Gracias Antonio por tus extremas atenciones···. Tenía algo pendiente con la referencia hecha anteriormente sobre la sala de juegos del CIVG. El amigo Al Guasim corrigió el problema. Parece que el mal entendido se produjo por el cambio de personal. Seguiremos observando. Para los poquísimos amigos que no entienden, les participo que una ración no se refiere a piezas sino a cantidad. No es lo mismo una pieza de perdiz que una de avestruz. La inteligencia no la venden en la farmacia. Danielbetancourt2612@hotmail.com
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