| El Conspirador |
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| Escrito por Jesús Seguías.- | ||||||
| sábado, 04 de julio de 2009 | ||||||
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Luego de 10 años de intentos de implantar la “revolución socialista” en Venezuela y América Latina, me permito identificar a los factores que conspiran agresivamente contra el Presidente Hugo Chávez, y que, por haber avanzado demasiado, con toda seguridad pondrán fin a este proceso de implantación del “Socialismo Siglo XXI” dentro de 3 años y medio. Por cierto, alerto a los electores de que los conspiradores no están en el bando opositor a Hugo Chávez. Apenas un 30% del llamado pueblo opositor (que hoy es casi la mitad de los venezolanos) está organizado, y lo está alrededor de la variopinta gama de partidos opositores. El resto simplemente son “un sentimiento de rechazo” a Chávez. Y, tanto aquéllos y éstos, los une el propósito común de ver a Chávez fuera del poder, lo cual no es ninguna política seria y de largo alcance, y mucho menos para dar respuesta a una crisis que no es coyuntural ni fue creada por un solo hombre sino que es profunda y mundial. Es de esas crisis cuyo final termina pariendo una nueva era histórica. Es decir, esto no es concha de ajo. Por eso, por no haber dado una lectura correcta a la crisis, es que los opositores venezolanos han fracasado tantas veces. Lo curioso del caso venezolano es que los factores que están conspirando aceleradamente contra el gobierno del presidente Chávez están en el corazón mismo del gobierno, en el mero centro del poder ubicado al final de la Avenida Urdaneta de Caracas. Allí se mueven los hilos sigilosamente, a veces soterradamente, a veces de manera muy abierta. El conspirador actúa bajo un mismo modus operandi: espera que ocurra algún acontecimiento y de inmediato procede al ataque, utilizando para sus propósitos la voz y la imagen del Presidente de la República. Veamos: Acontecimiento: El país entra en el torbellino de la crisis económica mundial. Los precios del petróleo se derrumban estrepitosamente. Se disparan los dispositivos de alerta en Venezuela, un país que opera casi totalmente al ritmo de los precios petroleros. Ante este tipo de crisis, la cartilla operativa de todos los presidentes del mundo, indica que hay que restablecer los lazos de unidad en el país, de buscar consensos sabios, para así sobrellevar exitosamente el peso de una catástrofe económica que afectará por igual a tirios y troyanos. Bueno, eso dice la cartilla que comenzaron a aplicar todos los presidentes del planeta. Y es aquí donde el conspirador venezolano entra en acción. El conspirador actúa El conspirador convence al presidente de que hay que profundizar la revolución. Es decir, hay que pasar al ataque, maldecir a los ricos (es decir, a todos los empresarios privados) y dar más poder a los trabajadores, confrontar la propiedad privada con la propiedad social, donde el objetivo final de la revolución es que desaparezca la primera y se consolide la segunda. A la oposición no hay que darle paz ni cuartel. Y es allí donde el conspirador hace su trabajo. El presidente ignora, al parecer, que el 80% de la capacidad de empleo de Venezuela no proviene del sector estatal sino del privado. Ignora que el estado no está en capacidad de dar un empleo más, que la burocracia gubernamental está totalmente colapsada, obesa e improductiva, y que lo único que le queda para generar nuevos empleos en el país es el sector privado, sobre todo a esa inmensa cantidad de jóvenes que se están incorporando al sistema de trabajo y que en el 2012 serán electores activos. En una oportunidad, el presidente Chávez le pidió al antiguo embajador de los Estados Unidos en Caracas, John Maisto, que trajera empresarios norteamericanos para invertir en Venezuela. El embajador le respondió: Señor Presidente, a los inversionistas privados no sólo hay que invitarlos sino que hay que seducirlos como a una bella dama, porque ellos son voluntarios, nadie los puede obligar. Vamos, sedúzcalos. La reflexión inmediata que tendría que brotar de un presidente cualquiera era: Sabemos que en todos los países sólo existen dos sectores que están en capacidad de generar empleos: el estado y el sector privado. Caramba, si el estado ya no puede dar un empleo más (por el contrario, debe contemplar despidos) ¿quién me queda? Elemental, mi querido Wattson, me queda el sector privado, y no me queda más que seducirlo, demostrarle, como mínimo, que aquí sus inversiones están garantizadas y liberadas de decisiones políticas arbitrarias y temperamentales, que existen claras reglas de juego de larga duración, que en vez de agresiones y amenazas, recibirán un trato respetuoso y de reconocimiento, y que además, este es un gobierno que por razones de principios valora y respeta la propiedad privada. El presidente optó por seducirlos con los estímulos y los piropos más extraños del repertorio: “Oligarcas, temblad”, “Cuando la clase obrera ruje, la burguesía tiembla”, “la burguesía es criminal, asesina, explotadora de los trabajadores”, “hay que aniquilarlos, ellos son los culpables de la pobreza y de la miseria de los trabajadores”, “empresario que no se someta a la revolución socialista, será expropiado, y sus bienes serán entregados a los trabajadores”, “Fidel, padre nuestro que estás en La Habana” ¿Hace falta recordar que Fidel Castro es el enemigo número 1 de la propiedad privada en América?. Y este es el último piropo, de alta factura seductora para los inversionistas: “Maldigo a los ricos”. Como podremos comprender, el conspirador se salió con la suya: Nadie del sector privado está interesado en hacer algo significativo para generar nuevos empleos y riquezas en el país. Cuánto pesará en los próximos meses y años esta opción del conspirador.
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