| El “Toro” Zambrano en el ojo del huracán |
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| Escrito por Daniel A. Mora | ||||||
| jueves, 02 de julio de 2009 | ||||||
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Peor no pudo ser el detonante, tras casi irse a las manos por golpear a un jugador de los Medias Blancas – sus vecinos y rivales a muerte – el pasado domingo, lo que le dio paso a un innumerable montón de criticas, las cuales han llegado hasta tal punto, que en una encuesta llevada a cabo en el Chicago Tribune (el diario más leído de la ciudad de Chicago), más de 11 mil fanáticos se tomaron el tiempo para sentenciar que un 57 % de ellos sencillamente ya ha tenido suficiente con Zambrano. El que una vez (no hace mucho) fuese considerado el más fuerte as del equipo, el caballo de trabajo, el líder del dugout, hoy simplemente se ha convertido según los seguidores y demás colegas periodistas, en un cáncer dentro de la novena de los Cachorros de Chicago. Temperamento a flor de piel Es verdad, Zambrano es conocido por su talento de sobra, y eso que apenas tiene 28 años. Pero ¿quién se acuerda de su no hit no run, de sus ganas y competitividad?, al parecer nadie por estos días. La gente en la ciudad y alrededor de las Mayores sólo habla y se pregunta el qué será o fue del venezolano cada vez que juega, cada vez que viene al plato. Infame y siempre recordado será aquella golpiza a su compañero Michael Barret hace un par de años, peor la de este año, cuando perdió la cabeza y se lanzó una de Gladiador con las máquinas de Gatorade del dugout. De cada presentación nace un chiste, de cada acción cientos de criticas, y eso que vale 91 millones de los billetes verdes. Pero la conclusión raya en lo ridículo, y no parece mejorar. Todo comenzó hace unos años con aquella rigidez en su brazo de lanzar debido según al tiempo que Zambrano pasaba en la computadora chateando con familiares y amigos aquí en Venezuela. Luego fue la deshidratación y sus calambres tras verse afectado por el calor . Lo del domingo fue la gota que derramó el vaso entonces, contando claro la fiesta del Gatorade. Lo acontecido ante el personaje más odiado por la gente de los Cachorros, Oswaldo Guillén, será difícil de perdonarle al criollo por los que siempre lo habían apoyado. Comenzó con alguna molestia con el jardinero Scott Podsednik, cuya cercanía con el plato no era del agrado de Carlos, acto seguido, golpeado y primera base. En el segundo acto del show ya la cosa se salió de control, con el nuestro descargando toda su furia en los rivales luego de verse abajo en la pizarra, quizás por muchas carreras. El inning en que fue sacado del morrito, primero comenzó con un mal tiro al home, lo que permitió que Chris Getz le robara el home de manera descarada, entonces enseguida puede que haya cambiado el color del bateador de turno, Dewayne Wise, de blanco a intenso rojo, ya que con el próximo lanzamiento fue a parar a los glúteos del jardinero, el umpire falló y luego de no botarlo del partido, su mánager si se tomó la cosa en serio, y antes de que terminara en golpes nuevamente, prefirió mandarlo a que se calmara en las duchas. “Fue una bola cortante, pero cortó demasiado”, se defendió el venezolano. Nadie le creyó. Lectores y sólo lectores Para nadie es un secreto el temperamento de Zambrano, como de igual forma no se puede tapar con un dedo la capacidad física y el talento de sobra que maneja sobre sus hombros, así que son simplemente lectores, y entre amor y odio, el periodista que corrió la pregunta e hizo la encuesta se llevó sentimientos encontrados. Phil Rogers se jacta de estar en lo correcto tras recibir el 57 % de apoyo de un total que sobrepasó las 11 mil respuestas, pero ¿qué diferencia hace?, ninguna, es su simple opinión, y la de muchos otros que al final ni pagan el sueldo del venezolano, ni han sudado si quiera un 000,0001 % de lo que el de Puerto Cabello ha transpirado. “Eres un vergüenza, renuncia”, le dice uno de los lectores. El escritor lo toma a modo de burla, aunque realmente el tema no lo amerita. En esta relación amor/odio entre Zambrano y la ciudad de Chicago, el derecho ni gana ni pierde, aunque no es mentira que tiene que buscar las formas de calmar esos impetuosos reflejos que tanto daño le vienen haciendo. Como una gracia la tomó fue el criollo, quien tiene una clausula en donde cuenta con la posibilidad de decidir no ser cambiado si así lo quiere, puesto que él piensa retirarse en ese equipo. “Está bien entonces. Envíenme a Boston”, dijo el pelotero bromeando. Waivers, cambios, habladurías, lo que venga... Zambrano no se va a ninguna parte, mucho menos con la economía golpeada en estos días, y es que el equipo que lo reciba deberá pagarle los 62.75 millones que aún le quedan de contrato.
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