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Nueva Prensa Guayana

viernes, 12 de marzo de 2010
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Bebé sin estrés Imprimir E-Mail
martes, 16 de junio de 2009

Image***Claves para que tu pequeño esté calmado y relajado ¡Atrévete!

Cuando un bebé llora no suele ser por capricho. Es su forma de comunicar que tiene necesidad de algo. De los padres dependerá la interpretación correcta de esa demanda para tratar de calmarlo lo antes posible. Es probable que tenga hambre, o que esté mojado. Pero cuando el llanto persiste hay que ir descartando las posibles razones para evitarle el estrés.

Si un recién nacido se pone a llorar dos horas después de haberle dado de comer, o al poco de haberle cambiado el pañal, no suele ser por capricho sino porque tiene necesidad de algo.

El llanto es la manera innata de comunicarse del bebé y de la intuición de los padres dependerá la correcta interpretación de esas necesidades que está demandando. A partir del año de vida, en cambio, los llantos pueden ser consecuencia de una simple necesidad de llamar la atención por lo que los pediatras recomiendan en esos casos esperar a que el infante se calme procurando mientras tanto hablarle serenamente y con dulzura.

Proceso de habituación

Puede que el niño de pocos días o semanas llora porque tiene frío, o mucho calor, o se siente agobiado por alguna circunstancia externa, o bien porque le duele algo. No debe olvidarse que el nuevo ser está en proceso de habituación a su nuevo ámbito fuera del útero, donde llevaba una existencia feliz y relajada. Este proceso provoca no obstante más tensión en unos bebés que en otros.
Aunque la genética cobra una relevancia especial, existen otros factores determinantes del estrés que pueda evidenciar un recién nacido en esas primeras semanas de existencia, relacionados fundamentalmente con el ámbito y el ambiente que le rodean.

Por ejemplo, el ruido puede constituir un elemento fundamental de perturbación en esa época de adaptación tan delicada. Sin embargo, la medicina ha avanzado en la prevención de este fenómeno perturbador.
Se trata de un sonómetro, con forma de oreja, que advierte e informa del nivel de decibelios que se registra en las salas de las incubadoras.
Según explicaron los sanitarios que atienden a estos pequeños de pocos días de vida, apartarles de molestos e inadecuados ruidos puede favorecer, y así lo demuestran distintas investigaciones, un correcto desarrollo neurológico.

Una vez descartada la posibilidad de que el bebé tenga hambre y de que hemos comprobado que el pañal no está sucio, al bebé hay que calmarlo 'salvo si el llanto obedece a que le duele algo- al estilo de la vieja guardia, como hicieron nuestros padres y nuestros abuelos. Lo que hoy se llama 'ejercitar el lenguaje corporal'.

En una primera secuencia hay que pasearle, mecerle y darle palmaditas en la espalda. Tanto la madre como el padre deben hablarle mientras le acunan con alguna canción suave. Tras los arrullos, a veces basta entonces con arroparle convenientemente para que se calme.

Es muy importante también acercar la oreja del bebé a la zona del corazón de la madre, pues está acostumbrado a escucharlo desde que estaba en el útero.


Un niño esta estresado si experimenta:

* Cambios de comportamiento en plazos cortos: cambios de humor, está irascible o melancólico; cambios en los patrones de sueño; moja la cama, tiene pesadillas.
* Alteraciones físicas: dolores de cabeza, de estómago o de espalda. A veces, afecciones de la piel como dermatitis y padecimientos respiratorios como el asma son indicio de ansiedad o estrés.
* Adquisición de hábitos inusuales anteriores: chuparse el dedo, agarrarse el cabello o arrancárselo, hurgarse la nariz, comer mucho o no comer.

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