| Para ser un buen padre... |
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| miércoles, 10 de junio de 2009 | ||||||||||
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La presencia en nuestra infancia de un buen padre hace una diferencia fundamental. Cuando el padre se comporta como debe, el niño se siente fuerte y protegido, tiene un pilar en el que apoyarse, en el que encuentra fuerza, apoyo y, también, disciplina y reglas de conducta. Ser un buen padre no es un trabajo con horas fijas, sino que es una vocación de vida a la que debemos aplicarnos con toda alegría, pese a que sepamos que bien puede ser que nunca nadie nos agradezca nuestros esfuerzos. Por supuesto que, cuando veamos a nuestro hijo crecer como un joven adulto responsable y estable, tendremos nuestra recompensa. Pero para ser buenos padres
es necesario tener ciertas conductas que no son fáciles de seguir.
Por ello, tenemos aquí algunos consejos que te pueden ayudar a
conseguir que tu hijo tenga un gran padre.
Si bien es cierto que el buen padre ama a sus hijos por sobre todas las cosas, no es menos cierto que no por ello le permitirá hacer cualquier cosa. El buen padre es también un buen disciplinador, que utiliza el amor para marcar conductas erróneas y castiga cuando debe.
El buen padre sabe que nadie es perfecto y que a los hijos se le debe permitir cometer errores, que estos mismos errores les ayudarán a crecer como personas y a desarrollarse con una mente y una vida propias.
Un buen padre mantiene la mente abierta para aceptar que su hijo no es igual a él, y que los tiempos cambian y junto con ellos cambian las modas, la ropa, la música, los sueños y aspiraciones.
Nunca un buen padre permitirá que sus hijos piense que tienen asegurado todo, siempre tratara de inculcar el valor de los objetos y de cuánto debemos apreciar lo que tenemos y lo difícil que es de conseguir.
Obviamente, un buen padre entiende que su hijo no es igual a él y que puede tomar decisiones distintas a las que él tomaría. Y entiende que estas decisiones no tienen que ser necesariamente erradas por ser diferentes.
El mayor placer de ser padre es pasar tiempo con los hijos, no solo para las actividades serias e importantes, sino también para divertirse juntos., ir al cine, jugar, pasear o ir al parque.
Un buen padre guía más con el ejemplo que con las palabras o las órdenes. El viejo dicho “Haz lo que yo diga pero no lo que yo hago” no debe aplicarse de ninguna forma en esta situación
Además de leal, debe apoyar las opiniones de sus hijos y aceptarlas, aunque no coincida con las suyas.
También debe desafiar a sus hijos, para lograr que saquen lo mejor de sí mismos, darle pruebas que los ayuden a crecer como seres humanos y que viven en sociedad, permitiéndoles espacio para que enfrenten sus propios problemas y los resuelvan como mejor les parezca.
Enseña a sus hijos lecciones, siendo la primera fuente de conocimiento con la que un chico se encuentra en su vida.
El buen padre es el protector de la familia en toda circunstancia en que esta sufra de algún peligro.
Finalmente, siempre mostrará su amor incondicional por su esposa e hijos. Esta es su mayor cualidad
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